Ser agricultor…cuando no alcanza ni para soñar.

Marcos tiene 37 años, 3 hijos. Junto a su esposa Viviana, saben de otras épocas, donde compraron la camioneta, el tractor, y se permitieron soñar con la casa propia. Hoy despiertan en una realidad distinta. “Rompí la camioneta y no tengo para arreglarla”, dice el hombre y junta cebolla que, sospecha, le costara vender. “Los pocos que andan comprando pagan 20 pesos y sólo en la bolsa y la descolada tengo esos costos” dice sin levantar la vista de lo que está haciendo. Le podríamos contar que en los supermercados el kilo de cebolla vale lo mismo que su bolsa, pero para qué.

Los niños van a la escuela con regularidad, se permiten comer mejor que en casa. La tarde va cayendo cuando se termina la jornada, signada por el desánimo, y los pensamientos puestos en vender algo para cubrir deudas. En pensar en arrancar de cero, como tantas veces, aunque esta vez no hay esperanza, está la sensación de que la cosa se puede poner más fea.

La agricultura local está en su peor momento, en terapia intensiva. Mucho tienen que ver las erráticas políticas económicas, el proceso inflacionario, la pérdida de miles de puestos de empleo, en definitiva : la reducción del mercado interno. “No se vende nada y lo que se puede vender no alcanza para cubrir los costos”, es la queja más común de estos días. La producción agrícola está en crisis, de eso no hay duda. Pero la gravedad esta dada, sobre todo, en que cuando hablamos de agricultura hablamos de agricultores, personas, familias, a las que se les está haciendo muy difícil la vida.

“Esta temporada está perdida y será muy difícil encarar la que viene”, es otro argumento que se escucha. Los agricultores están empobrecidos, pagando deudas y mirando el futuro con una carga de desesperanza dolorosa. Sin embargo, “que otra cosa podemos hacer, esto es lo que sabemos”, dicen.

Carlos y su esposa Elisa tienen algo más de 60 años. La piel curtida por el sol los hace parecer un poco mayores. Sus hijos se fueron hace algún tiempo, así que ahora un par de perros adultos y un cachorro juguetón parecen ser las únicas companías. Algunos frutales, y un cuadro de zapallo “para salvar el año”, es lo que producen. “El zapallo es más fácil de atender y tiene menos costos”, explica Carlos.

“Hasta el año pasado con esto nos arreglábamos para vivir cómodos, ahora cuesta mucho vender y lo que te pagan no te alcanza para nada, hasta tuvimos que cortar la Directv”, cuenta Elisa mientras prepara el fuego para hervir las botellas de salsa casera, que Carlos le ayuda a tapar.

 Anochece, y en el pueblo se estará festejando el Día del Agricultor, cena mediante. Marcos y Viviana, Carlos y Elisa no piensan en eso, ellos no tienen mucho para festejar. Como la mayoría de los agricultores, tienen otras urgencias.

(Visited 665 times, 1 visits today)